Después de varios años con tipos de interés en negativo —desde 2016 hasta bien entrado 2022— el mercado vivió una subida histórica: el Euribor pasó de niveles negativos a alcanzar un máximo del 4,16% en octubre de 2023.
¿Qué provocó este giro tan abrupto?
Durante la pandemia, los bancos centrales de las principales economías inyectaron más de 18 billones de dólares en estímulos monetarios y fiscales. Inicialmente se subestimó el impacto inflacionario de estas políticas. Sin embargo, a partir de 2022 la inflación comenzó a repuntar con fuerza, llegando a cifras de dos dígitos en algunos países europeos.
Ante esta realidad, el Banco Central Europeo (BCE) y otros bancos centrales se vieron obligados a actuar con rapidez, iniciando una agresiva subida de tipos. Así, el Euribor escaló desde tasas negativas en marzo de 2022 hasta el citado máximo de octubre de 2023.
¿Y ahora qué?
Con la inflación más controlada y una economía europea que muestra claros signos de ralentización —especialmente en Alemania, afectada por el coste energético en su sector industrial—, el BCE ha empezado a virar su política. En mayo de 2025, el Euribor ya se sitúa en torno al 2,08%, consolidando el inicio de una nueva fase de tipos más bajos.
La gran pregunta: ¿seguirán bajando los tipos?
No hay una única respuesta, ya que múltiples fuerzas empujan en direcciones opuestas:
- Factores que podrían favorecer nuevas bajadas:
- Crecimiento económico débil en muchas economías desarrolladas.
- Precios del petróleo moderados por expectativas de menor demanda.
- Necesidad de aliviar la carga financiera de los hogares y empresas.
- Factores que podrían frenar o revertir las bajadas:
- Tensiones geopolíticas persistentes.
- Nuevas guerras comerciales o arancelarias.
- Vulnerabilidades en el sistema financiero por pérdidas no realizadas en bonos a largo plazo.
En resumen
Entramos en una fase de incertidumbre monetaria. Los mercados estarán atentos a los próximos movimientos del BCE, pero también a factores globales que pueden cambiar el rumbo rápidamente. Como profesionales, debemos mantenernos informados, ser flexibles y estar preparados para distintos escenarios económicos.